Cuando vemos que un semáforo está en rojo, ¿qué es lo que hacemos? Paramos. ¿Por qué? Pues porque es la ley. ¿Para qué sirve esa ley? Pues para salvar vidas.
Todos los padres tienen leyes para sus hijos, ¿no es verdad? Todos conocemos las leyes que nuestros padres tienen para nosotros, a pesar que algunas veces nos olvidemos de ellas. ¿Por qué ellos nos ponen esas leyes? Porque quieren que sus hijos estén a salvo. Las leyes son para nuestra protección. Es por eso exactamente que nuestro amadísimo Padre del cielo nos ha dado leyes, para nuestra protección. Dios nos dio sus Diez Mandamientos por la misma razón que nuestros padres nos dan sus reglas para obedecer, porque Él nos ama y quiere protegernos y librarnos de hacer daño a otros y a nosotros mismos.
Antes que Dios diera los mandamientos, Él le dijo a Israel en Éxodo 19, versículo 5:
Éxodo 19:5 Ahora, pues, si dais oído a mi voz y guardáis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos, porque mía es toda la tierra. (RV)
Vemos en Éxodo 34:28 que Dios se refirió a los Diez Mandamientos como a las “palabras del pacto”.
Éxodo 34:28 Moisés estuvo allí con Jehová cuarenta días y cuarenta noches; no comió pan ni bebió agua. Y escribió en tablas las palabras del pacto, los diez mandamientos. (RV)
Si es que nosotros, hoy en día, Le obedeciéramos por completo y guardásemos Su pacto, Él nos bendeciría y nos protegería tal y como Él prometió hacerlo en ese entonces.
A pesar de que Dios dio muchas leyes, juicios y estatutos en la Biblia, los Diez Mandamientos son el corazón de todos ellos ya que demuestran amor, primero a Dios, y luego a nuestros semejantes. Son tan importantes para Dios que Él no sólo habló sobre ellos a la gente, sino que Él los escribió con Su propio dedo (Éxodo 31:18), no sólo una sino dos veces. Si es que son tan importantes para Dios, por lo tanto deberán ser importantes para nosotros también.
¿Cuántos de nosotros podemos recitar los Diez Mandamientos? No podemos seguir el mandato de Dios de obedecer sus leyes si no las conocemos.
Leeremos ahora cada uno de los mandamientos y veremos qué es lo que Dios le manda a toda la gente, en todos los lugares, a través de todas las eras, jóvenes y mayores, de la misma forma, que haga.
Luego, los discutiremos y veremos cómo se aplican en nuestras vidas. Ellos se encuentran en Éxodo 20 y Deuteronomio 5.
Éxodo 20:1-171 Habló Dios todas estas palabras:
2Yo soy Jehová, tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre.
3No tendrás dioses ajenos delante de mí.
4No te harás imagen ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra.
5No te inclinarás a ellas ni las honrarás, porque yo soy Jehová, tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen,
6y hago misericordia por millares a los que me aman y guardan mis mandamientos.
7No tomarás el nombre de Jehová, tu Dios, en vano, porque no dará por inocente Jehová al que tome su nombre en vano.
8Acuérdate del sábado para santificarlo.
9Seis días trabajarás y harás toda tu obra,
10pero el séptimo día es de reposo para Jehová, tu Dios; no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni el extranjero que está dentro de tus puertas,
11porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Jehová bendijo el sábado y lo santificó.
12Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová, tu Dios, te da.
13No matarás.
14No cometerás adulterio.
15No hurtarás.
16No dirás contra tu prójimo falso testimonio.
17No codiciarás la casa de tu prójimo: no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo.
Miremos a cada uno individualmente y notemos lo que Dios nos está diciendo.
I. "Yo soy Jehová, tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre. No tendrás dioses ajenos delante de mí".
Los israelitas habían sido esclavos en Egipto por más de 400 años. Habían vivido entre los egipcios y los egipcios tenían muchos dioses. Tenían dioses para cada diferente aspecto de la vida, para su ganado, para el clima, para sus sembríos, etc. Cuando los israelitas fueron a Egipto, tenían un solo Dios, pero cayeron dentro del sistema de adoración de Egipto y adoraron de la forma que los egipcios lo hacían. Dios los rescató de esa ignorancia y de ese pecado. Sin (pecado en inglés) era también el nombre del dios Luna, a quien lo convirtieron en un ídolo con la figura del Becerro de Oro. Dios les dijo que no tengan ningún otro dios ya que Él había hecho Su alianza con Abraham, su ancestro, de que ellos sólo adorarían a Dios y a nadie más.
Nuestro dios es quien y lo que ponemos primero en nuestras vidas. Dios nos dice de estar seguros de ponerlo a Él primero, y de preocuparnos más sobre lo que Él nos dice que en lo que cualquier otro nos diga. Él nos dice en muchos pasajes de la Biblia que si Lo amamos, guardaremos Sus mandamientos. Lo que Sus mandamientos hacen por nosotros es librarnos de los problemas.
Dios llamó a Abraham Su “amigo” (2 Crónicas 20:7, Isaías 41:8, Juan 2:23) y Dios llamó a David “un varón conforme a Micorazón” (Hechos 13:22). Ellos fueron ejemplo de personas que sí obedecieron a Dios, y Dios los alabó por eso. Cuando ellos desobedecieron a Dios, fueron castigados. Sería buena idea leer sobre las vidas de David y Abraham para ver qué pasó cuando ellos obedecieron a Dios en contraposición a lo que les pasó cuando Le desobedecieron.
Es importante que nos demos cuenta que no siempre nos metemos en problemas inmediatamente después de desobedecer, pero es un error el pensar que nos libramos de ellos. Tarde o temprano deberemos enfrentar las consecuencias de nuestras acciones. Todo lo que hacemos trae consecuencias, y Dios quiere que pensemos antes de actuar. Tenemos que pensar: “¿Están mis acciones en línea con la ley de Dios?”
II. "No tendrás dioses ajenos delante de mí. No te harás imagen ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas ni las honrarás, porque yo soy Jehová, tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y hago misericordia por millares a los que me aman y guardan mis mandamientos".